Rubén Naranjo Rodríguez

Rubén Naranjo

Me vinieron a nacer en una isla que algunos se empeñan en llamar como una conocida marca de galletas, Tamarán, seguramente por el afán existente en devorar su suelo, antes llamado, simplemente, tierra. Durante unas cuantas décadas trabajé en la enseñanza, que no el exhibicionismo, dedicando también algo de tiempo a colaborar en la prensa escrita, e incluso, sin necesidad ninguna, en la radio. Precisamente en Canarias 7, Canarias a diario, disfruté escribiendo reportajes y manteniendo una columna, Golpes a la lapa. Por cierto, una de mis pasiones: los moluscos univalvos. Además, tuve la oportunidad de compartir muy buenos momentos y fraguar duraderas amistades.

Geógrafo deformación, así, todo junto, sin embargo, reconozco que ando con el norte algo perdido. Sobre todo, desde que me confirmaron que el sur también existe. Si no, que le pregunten al Conde de la Vega Grande.

De un tiempo para acá me he puesto a escribir y de ahí han surgido unas cuantas criaturas. Al respecto, no tengo muy claro si la invitación formulada para participar en LPA Confidencial obedece a que me dedico a la novela negra, o que, en realidad, me las veo negras para escribir una novela. En rigor, tampoco tengo claro si hago novelas negras de humor o novelas de humor negro. Aquellos que las lean, como siempre, tendrán la última palabra.

Hasta la fecha van cuatro: El coleccionista de coprolitos, Aromas de crimen, Las joyas de Pino y Como agua bendita. El protagonista es un detective aficionado, algo cachanchán, todo hay que decirlo, llamado Teo Álvarez del Pino. Le sobra tiempo en su puesto de trabajo, es un decir, de funcionario en la administración autonómica (en la Secretaría de Personal, Subdirección General de Vías Férreas, dentro de la Dirección General de Transportes), para ocuparse de resolver antiguos casos ya olvidados, apolillados en amarillos periódicos, e incluso abordar nuevas investigaciones.

A estas novelas se suma un libro de relatos: Diez muertitos, o más… que como el nombre parece apuntar, resultan también bastante oscuros. Incluso, negros. Dispensando el modo de señalar.

En la actualidad ando embarcado en otra nueva entrega de relatos, Cosa buena poco dura, así como un rocambolesco y lúgubre caso que trae de cabeza al pobre Teo: Asesinato en Casa Suecia.

Los anaqueles de galardones por mis obras se encuentran más vacíos que las estanterías de un supermercado tras el aviso de una guerra en el Golfo o de una impredecible pandemia. Y mucho me temo, que a peor la mejoría.

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