Crónica de Rubén Naranjo: «Entre boleros y rock»

Si contesto al teléfono y resulta que es Mayte Martín que me dice ven —a LPA Confidencial—, no diré que lo dejo todo. Pero casi. Porque si lo dejo todo, es un bolero. Aunque pensándolo mejor, porqué no un bolero para empezar, que todo no van a ser jazz y blues cuando hablamos de género negro. Siendo de firmes convicciones republicanas, «me llena de orgullo y satisfacción» que se acuerden de uno, aunque sea para bien. Además, por aquello de ser bien nacido, es preciso ser agradecido. Para algo los viejitos se sacrificaron, preocupados por mandarme a un colegio de pago, a fin de recibir una «buena educación». Aunque, esta es una anotación al margen, cierto es que pasar por un colegio de curas pueda aparejar unos nocivos e indeseables efectos colaterales. De los que, por cierto, pueden documentarse si leen uno de los cuentos que aparece en Cosa buena poco dura. La última entrega de relatos, bastante negros, que recientemente ha asomado a las librerías.

Hay que felicitar a todas las personas que forman parte de la alambicada organización de estas jornadas, que funcionó como un reloj. Incluso en horario de invierno. No sé si por el hecho de que, precisamente, el robo de las joyas del Pino —hace ya casi cincuenta años— fuera una especie de «eje trasversal» que recorrió esta edición del festival, ese hecho favoreció que me invitaran a colaborar hasta en tres actividades. Consiguiendo que, si no resolver tan enigmática substracción de alhajas, al menos sí que me repitiera como los afamados chorizos de la mariana villa de las medianías grancanarias.

El miércoles 15, con Miguel Ángel Contreras, intercambiamos datos y opiniones, a cuenta del robo que tanto escandalizó a las buenas, y es de suponer que también, a las malas, gentes grancanarias. Aparte del hecho en sí, un robo sacrílego, del que nunca se determinó quiénes fueron los responsables, por que —tal vez—, no hacía falta buscarlos, hay que tener en cuenta cómo fueron esos años del tardofranquismo. Con el país pendiente de los partes sobre la salud del Dictador; una crisis política y social, que determinaba un creciente malestar ciudadano, que, paradójicamente, tuvo eco en sectores de la Iglesia, próximos a los planteamientos sociales del Vaticano II. Como autores de sendas novelas que abordan tal cuestión, ambos coincidíamos en que aún no se ha afrontado el caso en profundidad. Que la «losa de silencio» con la que se cubrió el asunto, aún permanece. A la espera de que algún autor literario, o cinematográfico, se decida a abordarlo.

El viernes 15, tuvo lugar la Mesa de Debate, Entre pillos anda el juego, moderada por Jezabel Artiles y compartida con Miguel Aguerralde Movellán. Ya el título podía confundir un poco… o ser descaradamente explícito. No tenía muy claro si era en razón de los autores, por lo menos de este que les escribe, y, por supuesto no me atrevo a enjuiciar al otro compañero de mesa. Que supongo no lo será. Es más, tiene cara de buena persona. El hecho fue que la moderadora de la mesa prefirió no dedicar el tiempo a hablar de las obras de ambos autores. Seguramente porque no había tenido la oportunidad o la voluntad de acercarse a sus páginas, lo que tampoco le reprocho. Aunque yo, confieso, como aquel pedante y engolado escritor matritense, creía que iba a hablar de mi libro. Claro que, no le llego a la suela de los zapatos a tamaño autor.

El debate discurrió por otros derroteros y quizás por ello pudo resultar más atractivo. Abordamos diferentes cuestiones, en parte alejadas de lo que es la propia realidad del genero literario que se suponía nos tenía que ocupar. Hablamos de cuestiones tales como el acercamiento de la literatura canaria a las aulas, o del desencuentro existente entre lo que es la realidad que viven los escolares isleños y el deseo de que se sumerjan en la lectura. De cómo en su momento Natura y Cultura —obra perseguida por el mismísimo Capitán General de Canarias, que no juzgó oportuno que los indígenas de esta avanzada de España en el Atlántico supieran de su propia realidad—, jugó un papel fundamental en las aulas canarias para tantos docentes. Del papel de autoras como Pepa Aurora, o del añorado Luis Pérez Aguado, para facilitar al profesorado material literario a la hora desarrollar la tarea educativa. Algo que ahora no escasea precisamente, pues el propio Miguel Aguerralde también escribe para niños y jóvenes. No me sorprendió, por conocido y doloroso que sea, la afirmación hecha por Miguel, en cuanto a las facilidades que se les dan a los centros educativos para que incluyan en sus programaciones la literatura hecha en Canarias, y que el profesorado se desentiende bastante de esta oferta que se pone en sus manos.

Destacar, además, el diálogo con el público, o con otros autores, algo siempre muy enriquecedor en este tipo de encuentros.

Para poner el broche final, el sabroso menú literario que ofreció Sonia Domínguez, de Caja de Sabores, presentado por Chona Santana. Y desvelaremos un secreto: la tal Chona Santana, al modo y manera de Carmen Mola, son dos individuos. Por aquello de la hora menos en la Macaronesia. Claro que don Emilio, vale, al menos, por dos. En definitiva, que este sujeto que les escribe —el burro siempre delante—, acompañado de don Emilio González Déniz, tuvimos la osadía de presentar la Actividad gastronómica. Comenzamos con un enyesque —recordando La Lapa de Ángel Guerra—; seguido del chorizo —de Teror, of course—, y quesito de media flor. Para continuar, una ropa vieja de pulpo Guiniguada; carne de cabra en salsa ultraperiférica y, de postre, frangollo con helado metroguagua. Sí, nos fuimos con buen sabor de boca. Ah, y ya que comenzamos con el bolero, terminemos con rock. Se me olvidaba que, para no añulgarnos, a falta de vino tuvimos Clipper. Y, con la ingesta de este autóctono refresco, resulta inevitable El Eructo… del bisonte. Qué menos recordar de este mítico grupo de rock chicharrero, su incombustible tema, Kiosco de la Paz:

«Notas algo mosqueante y sideral cuando hablo;

es mi idioma, no lo puedo evitar, soy canario.

Digo guagua, tollo, pisco, millo, chachi, mojo, charca…».

*Si no conoces o no has escuchado a El Eructo del bisonte, eres joven, o te has perdido algo importante. Aún estás a tiempo. Que no todo va a ser género negro.

Rubén Naranjo

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